jueves, 8 de enero de 2009

Entonces colorearé con ceniza un sol radiante.

Demacrada ante la posibilidad de ver salir el sol un nuevo día, fue entonces cuando dibujé su mirada junto a la escarcha de la mañana de invierno más fría para que siempre sintiera la necesidad de arrimarse a las inacabadas cenizas, que siempre ardieron en el lugar más recóndito de mi habitación. Trepando por las faldas del polvo terminó por convertirse en canción que jamás ocultó su amargo llanto...

Solo palabras: adiós armonía, adiós, mas la melodía no sería triste hasta que la destinaran al falso rencor. Y el llanto fue sirena, se colocó entre las sabanas del sillón donde se mecen los sueños descalzos en los que el azul es mas negro que el carbón; y la luna, coqueta, se sonroja al contemplar a un cálido sol libertador.

Al alba, fui tormenta, al viento fui a buscar, apagar la ira encendida provocando a la mar, que dejó entrever las escamas de plata de la sirena que un día fui a buscar, mar brava, enfurecida, con el viento galopar..

Es la historia de un adagio sin terminar. Son, pues, las primeras notas que un día compuse, tomaron sentido, vida, forma, color; contornearon tu cuerpo y ribetearon tu nombre, deseaban convertirse en oración. Melodía fúnebre, siniestra, declarando notas de amor, que secuestradas por el humo de mi pelo, esbozaron un fugaz corazón.

Y tu sonrisa fue la brisa que me devolvió la vida y tu aliento fue el alcohol, la droga, que me hizo olvidar las heridas abiertas en la tormenta, mientras perdía mi batalla con las olas del mar. Mi palabra fue magia al entrar en contacto con tu boca, tu aroma, tu incandescente locura, la clave de la pérdida de mi cordura, la búsqueda de la salvaje historia, que ya no escuchas, que hablaba de aquella misteriosa laguna. Y es que puede que tú no lo recuerdes porque la mente, así, de repente, se hace diferente, se pierde en su laberinto, cae en su trampa y nos miente; pero todas las noches, cuando el náufrago se pierde, desde el principio de los tiempos se que tu sonrisa me lleva a buen puerto. Nunca es el deseado pues por mucho pasó Julieta antes de estar en sus brazos... la respuesta no es la muerte, es evidente, el paraíso perdido que jamás vio el sol nacer, despierto, atento, vela por las noches a su luna para que jamás se sienta a oscuras, pues, cada oscuridad siembra las dudas que nos atormentan, vela a su luna para que se sienta segura. Entonces se desvanece al frente de la mañana el sol naciente, con las pestañas juntas, duerme, para al caer la noche, volver a ver a su luna: resplandeciente, blanca, desnuda.

Fue entonces cuando bailé al compás de tu despertar, a una distancia que cada día se nos acorta más, sin dudas, aunque la mente a veces se muestre con mas de una fuga; la calma es la satisfacción de la tormenta cuando al verlo en el suelo, aprieta el gatillo Julieta, historia de un suicidio, piensan los cuerdos, los locos, en cambio, le encontramos el sentido verdadero. Es el blues que nos toca la vida, el arpa que nos embriaga con su tontería, el ritmo de la batalla, que una inmensa mayoría, considera perdida. ¡Necios! ¿A caso se rinde el poeta para transmitir su canción? ¡No! Busca, olfatea, encuentra las palabras, las que los poetas que murieron dejaron enterradas, el grial escondido tras la suciedad de la ventana.

Dice, en algún sitio, tu camino has decidir, izquierda o derecha... cuesta ¿a que sí? pero nadie lo puede hacer por ti. Estas vivo, muévete, haz que el mundo se rinda ante tus pies, mas cuida tu elección pues no entenderá después de corrección. Así es la vida, una mesa de mimbre forjada con el calor de almas rotas, entrelazadas por la presencia de copas rotas, cristales, que simulan ciudades entre suspiros y congoja, una decisión tras otra. Intenta pararte, ver que no siempre la mejor opción es la más corta. Me incliné por el camino difícil, pude haber elegido el de las brujas, pero ¡no lo hice! escogí la espera, y el que espera desespera; una lágrima, una sonrisa, es la búsqueda del tesoro, Indiana Jones y el arca perdida, la cueva de los 40 ladrones o la lámpara mágica, todos pasaron mil penurias pero ahí estaban, esquivando las piedras mas duras y al final... la fortuna. ¿Suerte? ¿Quizás el destino? ¡No! Forjaron el camino entre males y suspiros.

Ésta es mi búsqueda, mi batalla aun no ganada en la que no se partirá en mil pedazos mi parte mas sensata, la búsqueda de lo mas bello que mis ojos ciegos jamás han visto y que mi mente, que se que no me miente, reconocerá solo al verte.

Verdes, son verdes, suavemente verdes,
fielmente verdes, míos para siempre.

sábado, 3 de enero de 2009

Gemir cuando cae el telón no es para mí.

Sin aliento de buena mañana.

Después de todo lo pasado y de tanto tiempo a la espalda, temes dudar, temes no estar haciendo lo correcto y perder algo que un día valoraste y amaste, pero que ahora no sabes con qué ojos ver. Intentas poner tu mejor cara, sonreír y venderte a un público que solo se satisface con palabras de amor desesperadas, mientras tanto, el caos reina en tu cabeza y tras la tormenta no llega la calma… vas a perder.
Dudas que se escapan a tus posibilidades de reacción, no encuentras los argumentos requeridos para poder salir del ojo del huracán en el que te encuentras. A su vez, mientras el tiempo, tu tiempo, va muriendo lentamente, lloras; significa q perder el control de una situación que creíste controlar, dejas entrever que ya no sabes si crees en lo que siempre has querido creer… vuelves a llorar. Las lágrimas se deslizan por unas mejillas que jamás serán tuyas ni suyas. Cuesta decidir, igual que respirar, respiras sumido en la más profunda de las agonías y justo en el momento que crees exagerar, el miedo se apodera de ti… una lágrima roza tus labios y se adentra en tu miserable boca, sal. Escuece. Es una maldita lágrima traicionera, absolutamente kafkiana, que escuece al penetrar en las recientes heridas de tu estúpida alma. Lágrimas que nacen ardientes de ella y vuelven a su cauce… repletas de un veneno que calma y hiere tu sensibilidad. El paraíso que una vez idealizaste sientes que se derrumba a sus anchas, va cayendo a tus pies mientras, en vano sujetas la última columna de tu mundo. Rezas para que no caiga, para que llegue alguien y te ayude a reconstruirlo. Nadie parece llegar, te toca moverte solo, te das cuenta de que en esto no puedes ser ayudado… quizás no sea lo que toca… y resignado, con la cabeza gacha, intentas averiguar las razones por las cuales has llegado a esta situación tan extrema… tu vida ha cambiado de un momento a otro; andas sin rumbo por tu habitación, directo a la desesperación y a una locura insana. ¿qué pasaría de darte cuenta que no crees? …pero ¿y si en realidad crees? Te preguntas si quieres creer… palabras que son más que palabras… palabras que llegan al alma… y es que para empezar de nuevo, has de aprender a sacar todo el veneno que llevas dentro.